Entrevista a Julio Aro: "hoy tengo paz en el alma" - Argentina

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Entrevista a Julio Aro: “hoy tengo paz en el alma”

Julio Aro En El Cementerio Darwin

Julio Aro fue a la Guerra de Malvinas con solo 19 años. Estuvo allá de principio a fin, y durante casi 30 años sintió que tenía una deuda pendiente. En 2008 pudo regresar a la Isla y allí, frente a las tumbas de sus ex compañeros de batalla encontró la respuesta. Junto al ex coronel inglés Geoffrey Cardozo, Julio inició una ardua tarea para identificar a aquellos soldados sin nombre. Por esa noble lucha, los dos fueron nominados al Premio Nobel de la Paz.
Hoy, desde Mar del Plata, Julio nos cuenta cómo comenzó ese largo camino y por qué el mejor premio que recibió fue el abrazo de las madres de aquellos argentinos que descansan en Malvinas.

Una carta inesperada que cambió todo en la vida de Julio

Corría diciembre de 1981 cuando Julio Aro, un joven de 19 años, pidió la prorroga del servicio militar obligatorio con la promesa de no volver nunca más al cuartel. En ese momento, Julio estaba estudiando en la escuela industrial de Mercedes y pidió la baja para ayudar en el hogar por cuestiones económicas. Sin embargo, el destino quiso que las cosas fueran diferentes.
“El 2 de abril yo estaba trabajando de mozo en un bar. De repente aparecieron unos amigos míos y me preguntaron si había sido convocado yo también. Les pregunté de qué hablaban y uno de ellos me dijo que les había llegado una carta, tenían que volver a presentarse en el servicio militar. Al principio me asusté, no quería volver a casa así que me fui a lo de un amigo. Al rato llamé por teléfono y efectivamente, el sobre estaba ahí esperándome“, cuenta Julio.

Julio Aro - En La Colimba
Julio había pedido la prórroga para trabajar. Sin embargo, al poco tiempo tuvo que volver sin saber qué le esperaba. Autor: Julio Aro / Miguel Monforte.

Cuando llegó a la puerta de su hogar, se encontró con su mamá que tenía el papel en la mano. Ahí nomás, Julio agarró sus documentos y se fue al cuartel.
Julio creyó que no iba a pasar nada y que era cuestión de días para volver a casa. Llegó y ahí nomás le dieron ropa, el equipo y le dijeron que tenía que permanecer acuartelado. Como la calma que antecede al huracán, 6 días después, el día 11 de abril aparecieron unos camiones.
―Nos vamos para Buenos Aires ―les dijeron con voz firme y cara de pocos amigos los altos mandos del cuartel. “Ahí nomás nos subieron y cuando llegamos a Buenos Aires había un avión Hércules esperándonos para ir al sur“, agrega Aro.
El frío gélido de Comodoro Rivadavia los recibió de manera poco amable y, media hora después, el periplo siguió hasta las Islas Malvinas. Ya había comenzado a escribirse uno de los capítulos más crueles de la historia Argentina…

¿Por qué estoy luchando?

El 12 de abril no fue un día más en la vida de Julio. Ese día fue cuando pisó por primera vez las Islas Malvinas, aquellas islas de las que, hasta ese momento, solo sabía que estaban en el sur, cerca de la Antártida.
“Cuando llegamos nos dividieron en grupos. A mí me tocó estar en el pueblo, en una casa que oficiaba de comando. A mis compañeros y a mí nos mandaron a hacer un pozo de zorro (también conocido como trinchera) que tenía como objetivo proteger ese domicilio”, explica.
Fue ahí donde Julio vivió las horas más difíciles, escuchando los bombardeos y el famoso “fuego de perturbación”, una táctica a través de la cual los ingleses hacían estallar bombas en la zona para no dejar dormir a los soldados. “Aguantábamos hasta que no podíamos más y nos dormíamos igual, y ahí no quedaba otra que rezar para que no te cayera una bomba mientras dormías“, agrega Julio.

Julio Aro - Julio Aro En Malvinas
“Viajar a Malvinas ayuda a cicatrizar, ayuda a entender, a comprender el horror de la guerra”. Autor: Julio Aro / Miguel Monforte.

Las imágenes y los recuerdos se van sucediendo como en una película y Julio rememora momentos como el bombardeo del 1ro de mayo, cuando se disparó una alerta roja. “La alerta roja te avisa que viene el enemigo entonces te tenés que meter en el pozo de zorro. Pero para nosotros era todo nuevo así que en lugar de eso, salimos a ver qué pasaba y vimos como un avión era derribado. Nos abrazamos como si hubiera sido un gol de Maradona, pensando que era un avión inglés. Al rato nos enteramos que era uno de los nuestros”, cuenta con cierto dejo de tristeza. Así de cruda era la realidad en aquel momento.
Mientras tanto, en el resto del país, los argentinos no sabían las duras condiciones bajo las cuales se encontraban aquellos jóvenes soldados.

El regreso y el volver a empezar

Los diarios de la guerra probablemente sean los más difíciles de escribir. La muerte a la vuelta de la esquina, el terror y el horror de las bombas y las luchas continuas muestran el peor costado de la humanidad. La Guerra de Malvinas fue un enfrentamiento inútil que terminó con un saldo de 650 argentinos muertos (sin contar los suicidios posteriores) y más de 1.600 heridos.
“Yo viví la guerra de principio a fin. Pero, más allá de lo que sucedió en la Isla, siento que seguimos peleando, por eso digo que no somos ex combatientes. Muchos compañeros no la pasaron bien, otros tantos se suicidaron. La reinserción fue muy difícil. En mi pueblo nos recibieron bien, el pueblo entero estaba en la calle. Pero, después de muchos años, comprendí algo, había grupos de familias felices abrazando a sus hijos, y también había gente llorando, porque sus familiares no habían vuelto“, cuenta Julio.

Julio Aro - Llegada De Julio Aro A Mercedes
La reinserción de los jóvenes a la vida normal fue muy difícil y complicada. Autor: Julio Aro / Miguel Monforte.

Cada uno de los que participaron en la guerra se reconstruyó como pudo. Algunos se refugiaron en el alcohol, otros en el juego, en la droga y en el suicidio. Por eso Julio destaca que los logros que supieron conseguir los veteranos, fueron por obra y gracia de cada uno de ellos. “Ellos se rompieron el alma para poder tener una pensión, un plan de salud. Nadie te regala nada, la lucha es constante”, agrega. Un volver a empezar, tratando de sanar las heridas.

La llegada a Mar del Plata y la búsqueda que derivó en un acto de amor enorme

Después de la guerra, Julio eligió estudiar y hacer algo para “no depender de otros”. Así fue como habló con su mamá y decidió mudarse a Mar del Plata para estudiar la carrera de educación física. Y no se fue más.
“Siempre me gustó la ciudad y gracias a Dios pude venir y radicarme acá. Tengo la profesión que me gusta, depende de mí y amo lo que hago”, cuenta.
Pero, había algo que faltaba en la vida de Julio, una herida que aún sangraba por dentro. “Después de la guerra uno vuelve cambiado; yo volví con mucha bronca, y por eso decidí regresar a Malvinas. Intenté ir a buscar al Julio Aro que había quedado allá en 1982, y nunca lo encontré. Pero, de a poquito, siento que voy trayendo partes de él”, dice.

Aro -Soldados Identificados En El Cementerio Darwin
El trabajo de identificación en el cementerio de Darwin. Autor: Julio Aro / Miguel Monforte.

Ese regreso a la Isla de Malvinas, tan esperado y necesario, se dio en 2008. Ahí en aquel lugar, al visitar el cementerio argentino, fue que todo cambió. “Frente a las tumbas de mis compañeros, descubrí las 122 placas de los soldados que no habían sido identificados y eso causó un gran impacto en mí. Entonces me propuse devolverles su identidad“, explica, y agrega: “en esa tarea obtuve la satisfacción más grande de todas, el abrazo de aquella mamá y de aquel papá que te agradecían porque los ayudaste a encontrar a su hijo”.

La nominación al Premio Nobel y el trabajo en conjunto con Geoffrey Cardozo

“Viajar a Malvinas ayuda a cicatrizar, ayuda a entender, a comprender el horror de la guerra. Ese viaje me ayudó a no odiar a los ingleses. No queríamos dejar a nadie en el campo de batalla y la forma de reparar eso era identificar a quienes habían quedado en la Isla. Ese soldado es una persona, un ser humano que dio la vida por otro, hizo honor al himno nacional cuando dice ‘juremos con gloria a morir'”, cuenta Julio.
En esa tarea, Aro contó con la colaboración del ex coronel Geoffrey Cardozo. Cardozo había sido el encargado de construir el cementerio de Darwin, donde descansaban los restos de sus compañeros. Juntos, Aro y Cardozo fueron nominados al Premio Nobel de la Paz por aquella titánica tarea.

El rol de Roger Waters y la fundación “No me Olvides”

Sin embargo, para Julio el premio mayor es otro. “Desde lo personal, hacer eso me sanó, formé la letra Z que era la que me faltaba para tener una paz total. Había que unir esas 3 letras y lo hice. Hoy tengo paz en el alma y siento que no dejé a nadie atrás”, relata emocionado. “Esta nominación es de todos los que colaboraron con nosotros, incluso de Roger Waters que hizo un trabajo admirable”.
El ex bajista de la banda inglesa Pink Floyd se comprometió al 100% con la causa Malvinas y colaboró desde el primer momento con la identificación de los soldados argentinos.

Aro - Donaciones Fundacion No Me Olvides
Julio es el presidente de la fundación No Me Olvides que está formada por veteranos de la guerra, madres de soldados caídos y civiles que apoyan la causa. Autor: Julio Aro / Miguel Monforte.

Por otro lado, Julio Aro es el presidente de la Fundación “No me Olvides“, creada por recomendación de Cardozo para que pudieran ser escuchados por el gobierno británico.
“La fundación tiene muchos objetivos, ponerle el nombre de un soldado a una escuela, revalorizar permanentemente la causa Malvinas, acompañar a los padres de quienes perdieron la vida en la guerra o por secuelas de la misma”, explica sobre el rol de la fundación.
“Los chicos tienen a los héroes contemporáneos acá, a los San Martín de esta época, que son los soldados de Malvinas. Hay que aprovechar eso, porque después la historia la va a contar un libro. La lucha no terminó, pero la manera de resolverlo tiene que ser el diálogo, las Malvinas van a volver a ser parte de Argentina”, cierra.

Entrevista a Julio Aro: “hoy tengo paz en el alma” ultima modifica: 2020-12-14T08:00:00-03:00 da Francisco Daniel Zazzu

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