La idea es sencilla. Pero perfecta. ¿Hay algo más lindo que una abuela italiana cocinando? Todos buscamos ese sabor. En una época en la que muchos quieren ser italianos, encontrar un lugar auténtico no es fácil. Ipolitina, un sitio orgulloso, independiente, sin lobby. Una idea que surgió en pandemia. Los hermanos Agustín y Juan Schiaritti empezaron a vender pizza. Claro que no cualquier pizza. Todo orgánico. La albahaca, la “cipolla rossa di Tropea“, provenían de un lugar: la terraza de la nonna. Las semillas vienen de Italia. Igual que Ipolita “Tina”, como la conocen en el barrio. Nacida en 1937 en Ricadi, Vibo Valentia, Calabria.

Ipolitina, un lugar único
A las pizzas les agregaban como promoción un preciado regalo: un cannolo de Tina. El emprendimiento funcionó tan bien y creció tanto que necesitaban un local. Así fue como en un pequeño espacio de 13 m2 empezó “Ipolitina”. Lugar que había sido la sastrería de Tina. Y que queda debajo de su casa. Si si, y arriba está la terraza. En donde nace todo. Y por supuesto en la cocina de Tina, en donde se genera la magia. Junto a Agustín que es el maestro pizzero. La pizza es al taglio, romana. Y Tina se ocupa de la parte dulce: Cannoli, sfogliatelle. El cuadro lo completa la hija de Tina, Mónica que está al frente del lugar.
“Los italianos tenemos ese don de trabajar en familia”
Ipolita tiene unos flamantes 84 años. Y un espíritu jovencísimo. Tiene 3 hijos, 7 nietos y 7 bisnietos. “La cucina me gusta”, nos cuenta. Llegó al país en 1957. Casada en Italia con Miguel, quien llegó primero a la Argentina. Tina estaba embarazada, por lo que viajó más adelante. Junto a sus hermanos se iban de Ricadi a Tropea que tenía secundaria. Su padre era carabiniere y poseía un pequeño terreno en el que cultivaba uvas “Zibibbo“. Su madre era ama de casa y su abuelo era el organista del pueblo. Tocaba en la iglesia. “Tengo recuerdos lindos. No tengo recuerdos tristes“.

La sabiduría de Ipolitina
A pesar de vivir los bombardeos durante la guerra o tener que caminar 4 km para ir a la estación de tren. Con nada más que higos secos en los bolsillos. No había para galletitas ni nada parecido. Su madre cuando tenía, les preparaba un pannino con mortadella. Pero cuenta que no había peleas. Era una vida sencilla. Se preparaba el pan para 8 días. Y cuando podían, preparaban el pan pitta. “Que se cocinaba en 5 minutos”. Dice que la gente de pueblo sabe sobrevivir mejor. “En el pueblo hay siempre un rebusque“. A Ipolita le gusta “cuando una persona no se queda“. “Mis hijos son todos universitarios“, cuenta orgullosa. “Si la gente se tomara la vida como se la tomaban mis padres, sería más fácil“.
Ipolitina en el corazón de Chacarita
Podés encontrar desde la clásica Margherita, la genovesa (con pesto, parmigiano y fior di latte) hasta la “Blue Cipolla” (cebolla caramelizada y queso azul) o la “Tartufa” o la “Diávola” (con pepperoni). En la pastelería destacan los ya nombrados cannoli, las sfogliatelle (con ricotta ,naranja y sémola), la brioche siciliana y los zeppole. También tienen un mercato con productos italianos: masa para lasagna, pesto, vino, café. La cita es en Av. Dorrego 1065. Tina se despide con dos mensajes: “La paciencia es de los padres. No hay que gritar no hay que pegar“. “Hay que ser pacífico“. Y a los jóvenes: “Que luchen“.
Autor de la imagen de portada: Ipolitina
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